Música para las masas

En este ensayo, publicado el 29 de febrero de 2008, Alan Wilder nos expresa su punto de vista sobre los cambios dramáticos que ocurren en la industria de la música en la actualidad.

Vivimos en un mundo de tecnología e incrementos exponenciales en todos los campos científicos, tan rápidos que ni siquiera podemos estar siempre al tanto.

¿Por qué razón la calidad del sonido de la música se está degenerando entonces? La música “suena” peor. Hemos dejado de escuchar, pues no tenemos tiempo. Sólo tenemos tiempo para ser abofeteados por el golpe de ruido más ensordecedor y llamativo hasta que el oído se fatiga y surge el deseo de cambiar el disco. ¿Por qué razón los anuncios de televisión tienen el doble de volumen que la transmisión normal? Es la única manera de llamar nuestra atención en la guerra del volumen.

En años recientes, la revolución en las tecnologías de procesamiento ha instigado un cambio en la manera en que los discos se producen. Con la finalidad de competir en el mercado, publicistas, distribuidores, productores e incluso los mismos artistas están pidiendo que los ingenieros de sonido, a través de la compresión digital, eleven tanto el volumen que todo el rango dinámico del sonido es sacrificado sin miramientos. (La compresión esencialmente incrementa el volumen de los sonidos más débiles dentro de una mezcla mientras se mantienen intactos los sonidos más fuertes).

El resultado de la excesiva compresión es el oscurecimiento del detalle en el sonido y quitarle a la música su poder de despertar emociones, dejando a quien lo escucha extrañamente inamovible. De hecho, el oído humano comprime naturalmente los golpes de sonidos altos para protegerse a sí mismo, es por ello que asociamos la compresión con el volumen. Nuestro sofisticado cerebro ha evolucionado para prestar atención especial a cualquier ruido fuerte, de manera que el sonido comprimido parece más atractivo, aunque ese efecto es efímero. La investigación demuestra que después de algunos minutos, el volumen constante cansa y aburre.

La verdadera emoción de la música proviene de las variaciones en ritmo, tono, escalas y un amplio rango dinámico que a su tiempo proveen calidez y espacio, algo que es muy improbable de encontrar en mucha de la música rock/pop en la actualidad. Si quieres un buen ejemplo de bombardeo del sonido más obtuso y unidimensional, escucha “I bet you look good on the dance floor” de los Arctic Monkeys.

La espiral del download. (The Download Spiral)

En este momento, la compresión MP3 permite generar un archivo digital pequeño, por medio de excluir la información sonora que el oído humano es menos capaz de percibir. Una gran cantidad de la información descartada se encuentra en los extremos de nuestro umbral del sonido, por otra parte los archivos MP3 no reproducen adecuadamente la reverberación del sonido por su misma cualidad de ser transitorio. De modo que al comprimir a formato MP3 un disco compacto de audio que ya no tiene la calidad del sonido original, el efecto anulador del sonido se intensifica. Como resultado, una calidad insatisfactoria, fría, indistinta y vacía, sin emoción.

Tal como el disco compacto sustituyó a los discos de acetato, todos sabemos que el formato MP3 y otros similares están reemplazando rápidamente a los discos compactos como la manera más popular de escuchar música. Esto representa más conveniencia y portabilidad, pero menor calidad (Aunque esto puede mejorar en el futuro). Incluso los melómanos han migrado a los dispositivos multimedia -el iPod o el iPhone se han vuelto la elección “obligatoria”-. Muchos han perdido interés en los equipos de sonido de alta calidad, mientras que los escuchas más jóvenes han crecido tan acostumbrados a esta música tan comprimida que la batalla ya está perdida.

Pero esto no es toda la historia. Estamos viendo las implicaciones de este sutil pero importante cambio en la industria discográfica. Verás, no es sólo la calidad del audio. También se trata de habilidad, manufactura, laboriosidad. Se trata de arte.

El arte por el arte mismo.

Me encuentro un poco fuera de lo ordinario en tanto que no soy un artista “enormemente exitoso” en términos comerciales y en ese sentido, batallo para ser escuchado, tal como millones de músicos. Sin embargo, debido a mi pasado con Depeche Mode, estoy seguro, lo que ha significado (y sigue significando) que no tengo que adecuar de antemano lo que hago para complacer en ningún sentido. Los cambios en el mercado no me han afectado tanto en realidad. Ciertamente no cambia la manera en la que trabajo musicalmente. Pero sí refuerza mi cinismo hacia la injusticia de que haya tanta buena música perdida entre tanto material de escaso valor. Pero eso no es nada nuevo. La naturaleza de la radio comercial no ha mejorado en ningún sentido, las revistas tienen un impacto mínimo, la promoción en televisión se encuentra más limitada que nunca, a pesar de los canales como MTV, que se han marginalizado cada vez más. De hecho, creo que la mejor manera de hacer que tu música sea escuchada es a través de los anuncios en televisión.

Dejando la viabilidad a un lado por el momento, me gustaría ver un regreso al arte de alta calidad, que acepte las maravillas de la ciencia y la tecnología, adquirida a un precio que refleje el tiempo y el esfuerzo que el artista le ha dedicado. Llámame anticuado. Tal como lo que uno espera pagar por una mueble hecho a mano, o un vestido de diseñador, o una fotografía bellamente impresa. En vez de condescender hacia los medios masivos, ¿por qué no también producir música con alta calidad de audio, tal vez en DVD, ya que es un formato que la mayor parte de la gente puede aceptar sin tener que invertir en nuevo equipo? Combinar esto con un excelente diseño del arte del disco, que si resulta demasiado caro de imprimir, por lo menos se pueda obtener en línea.

Los objetos de colección se están volviendo una manera de escapar del tumulto y la confusión. Tiene mucho sentido que quienes realmente aprecian la calidad y la cualidad única de una edición costosa subsidien su producción, dejando a las audiencias más amplias sólo con los elementos fundamentales de la obra.

Algunos lo han intentado. Por ejemplo, Magne Furuholmen (de A-ha) editó y vendió 300 copias de un disco especial de acetato de 10 pulgadas, con cubiertas pintadas a mano, acompañadas por el disco compacto conteniendo todas las canciones, un poster y un documental sobre la creación del diseño/arte de la cubierta. Esta edición se vendió a un precio de 100 euros. Posteriormente todas las canciones estaban disponibles de manera gratuita a través de su sitio en MySpace. Mis respetos para una propuesta valiente y creativa que alienta a los verdaderos fans para convertirse también en una especie de inversor personal.

La comercialización exitosa de una edición de lujo en DVD/arte/película como éste por medio de una compañía discográfica trasnacional está muy lejos de ser vista. No habría una razón para que esto no funcionara mientras los sellos discográficos tomaran una posición pragmática en cuanto a las descargas en línea, que pueden sólo servir como una herramienta promocional, más que generar una fuente sostenible de ingresos.

Pero en realidad, conseguir un formato ideal es el último de los desafíos. La dificultad siempre ha residido en cómo venderlo.

Tratar de conseguir cualquier clase de cobertura en las tiendas de discos dejó de ser una opción viable hace algún tiempo. Las mismas cadenas de tiendas de música están a punto de desaparecer (como la reciente desaparición de las excelentes tiendas “Fopp” )[N. Del T. en el Reino Unido, cerraron en 2007 después de 25 años de operación debido a la falta de apoyo de proveedores e inversionistas]. O su mutación hacia otro tipo de mercado: juegos de video, mercancía relacionada, accesorios para iPod, etcétera.

Para asegurar su supervivencia, con sus políticas de “no devolución”, las tiendas de discos ejercen una gran presión sobre las compañías discográficas accediendo a vender sólo la música comercial, que tiene ventas seguras, los artistas más populares, con el propósito de evitar quedarse con mercancía en exceso.

En cuanto a la mercadotecnia y promoción, quiero que la primera vez que se escuche uno de mis discos sea exactamente como deseo que sea. Por esa razón ya no haré disponibles copias adelantadas de mis discos para charlatanes que se dicen periodistas y que terminan vendiéndolas en E-Bay o subiéndolas al Pirate Bay tres meses antes de su lanzamiento. Considerando la cantidad de promoción adelantada que tengo en estos días, no tendría absolutamente ninguna diferencia en la cantidad de ventas.

No es que no haya ningún aspecto positivo en que los fans compartan sus archivos de música. Claramente, la gente en los lugares más remotos del mundo, Siberia por ejemplo, potencialmente pueden ser expuestos a mi música de ese modo, aunque aún no en la óptima calidad. No es lo ideal, pero es mejor que no tener ninguna oportunidad de escucharla. Incluso con los discos compactos, en Rusia es imposible conseguirlos fuera de las grandes ciudades, por lo que tenemos sitios en línea de fans emprendedores que compran todas las existencias en la ciudad y las revenden a quienes viven fuera por un pequeño margen de utilidad.

Desde Rusia con amor

Recoil lanzó recientemente al mercado un CD interactivo que incluye una película y un librillo especial. Echemos un vistazo al proceso de producción. El sencillo “Prey/Allelujah” fue concebido y materializado por medio de la presión de los fans, aquellos que querían un objeto físico, tangible, coleccionistas tal vez, pero también amantes de la música que prefieren la calidad y el tacto de un disco sobre un producto “sin rostro” que se puede descargar. Las pistas ya se encontraban disponibles para su descrga, pero eso no era satisfactorio para muchos. Aquí la brecha generacional sale a flote.

Siguiendo a una exitosa visita promocional en Moscú, un fan originario de ese lugar que administra un sitio para DM y Recoil se las ingenió para persuadir a la disquera filial de EMI en Rusia -Gala Records- de que lanzar este sencillo valía la pena. Ellos accedieron, no sin algunas condiciones, para ser precisos. Así que, ¿cuáles fueron esas condiciones? En primer lugar, el viaje promocional fue instigado por el manager del club Electro. El club pagó y organizó´en gran parte la visita.

Para respaldarla, Gala acordó algunas entrevistas para radio, prensa y televisión. Los resultados fueron más que alentadores, pero a pesar de ello, las condiciones para lanzar el sencillo especificaban que los fans tenían que implementar estrategias de pago y distribución del disco a través de sus propios sitios web, otros fans produjeron el arte y diseño del librillo de 28 páginas que acompaña el disco, otro fan produjo y dirigió el video de 9 minutos para ‘Allelujah’, el artista (yo) produjo la música en su propio estudio, el artista financia su propio sitio web junto con un webmaster dedicado que trabaja sin paga, el artista y los fans se encargaron de las estrategias de mercadeo en línea, promoción y apoyo a ventas .

Todos esos servicios fueron provistos sólo por ‘amor al arte’, sin costo exceptuando el tiempo y esfuerzo y el deseo de hacerlo realidad. Asombroso. Y me conmueve profundamente.

Así que, ¿qué fue lo que hizo la compañía discográfica?, te preguntarás. Esa es una buena pregunta. La compañía organizó todos estos elementos en un producto que pudiera manufacturarse: Fabricar un máster a partir de las mezclas existentes y adjuntarle una cubierta de dos páginas a partir de un diseño existente. La licenciataria local añadió los textos legales en cirílico (caracteres e idioma ruso) y alertó a algunos medios impresos y de televisión. No mucho en realidad, ¿o sí?

Bueno, esta no es la norma, y como tal es un poco inequitativa. Fue una especie de experimento. Gala/Mute pueden discutirlo. A favor. Pero es definitivamente, la manera en que las cosas están sucediendo ahora. ¿Por qué no lanzan el disco de la manera usual? Porque no creen que la demanda justifique el esfuerzo y costos de manufactura cuando la tendencia está por las descargas de música a bajo costo, o gratis.

El proyecto ruso fue un experimento ineresante pero sólo podía esperar un éxito limitado dada la visión actual de ese país y la desconfianza de los compradores, cuestiones que parecen permear todo el proceso. No fue la manera ideal de intentar vender un producto pero eso no impide que el proceso por sí mismo sea redituable, siempre y cuando se cuente con una logística sólida, haciendo la experiencia de compra simple y confiable para los clientes.

(Nota: A pesar de los obstáculos obvios, de hecho aún pudimos vender toda la producción planeada antes del lanzamiento, tanta fue la demanda)

¿El pop se comerá a sí mismo?


Así que, ¿por qué molestarse con un contrato discográfico en absoluto? Eso es lo que muchos artistas se preguntan ahora. ¿Y por qué no lo harían, cuando se les dice que la firma discográfica no puede permitirse ese gasto? O que la compañía quiere recortar los ingresos de los artistas para pagar la publicidad. Por esto es que vemos el éxodo masivo tomando lugar, encogiendo la ya de por sí anquilosada industria discográfica.

Los artistas que encuentran más fácil el irse son aquellos que ya son muy exitosos, agravando el problema aún más. ¿Por qué? Porque artistas como Radiohead y Prince pueden asumir sin pérdidas mayores el regalar su música como un gesto promocional con el propósito de hacerse de publicidad para sus respectivas empresas. Ellos reciben mucha atención al hacer esto y se benefician en otros aspectos. Así que con la gente esperando ahora música gratis, todos los demás artistas pierden cualquier pequeño ingreso que podrían esperar de las ventas de discos, a pesar de que el amor y el dinero invertidos en producit su música no hayan disminuido.

Hace mucho que renuncié a esperar lograr ganancias de lo que hago. Y probablemente esperes que yo esté lleno de resentimiento y amargura hacia la compañía discográfica a la que pertenezco, pero no es la realidad. Mute también es una víctima en todo esto. La realidad es que todas las compañías están pasando un mal momento y están asiéndose con uñas y dientes tratando de encontrar soluciones mientras el suelo se desmorona a sus pies.

En el caso de Mute, EMI ha ejercido contra ellos numerosas reformas, centralización, recortes de presupuesto y de la plantilla de artistas. El dueño de EMI, Guy Hands, describe su negocio como un ‘modelo insostenible’ con una gran necesidad de ‘reducir las pérdidas’… Colección de basura. Veladamente, está diciendo: “¡RECORTES!” Él habla de ‘eliminar la redundancia y la burocracia’ y como resultado, 2000 empleados fueron despedidos.

Aún más motivos para preocuparse, él además nos ofrece la información de que actualmente alrededor de 3% de la plantilla entera de artistas es rentable y que el resto de los que nunca serán rentables, no importando cuántas veces se cambien las estrategias, pueden ir despidiéndose del escenario.

Esto es simplemente lo más lejano de lo que entendía ser la filosofía de Mute, donde las ganancias de los artistas más reconocidos era utilizada pra apoyar a todos los demás artistas en la firma. Arte. Una compañía discográfica no vende latas de frijoles, sino que hace accesible el arte a las masas. Un concepto incuantificable. Latas de frijoles, uno puede contarlas.

Pero, ¿es esta filosofía realista en estos tiempos? Claramente no, si tú te encuentras regido por una corporación privada. El cuartel general de Mute (ahora parte de las instalaciones de EMI) es una sombra de la entidad original. Unas cuantas almas perdidas deambulando en un estado de aturdimiento post-apocalíptico, como en una escena de “28 días después”. Hay algunas personas excelentes en la firma que están atadas de pies y manos. Con algo de cinta adhesiva sobre sus bocas, secuestrados sin ayuda alguna y devorados por el monstruo corporativo.

Por supuesto que Mute no puede simplemente irse. Sería como tratar de vender tu casa cuando sólo la estás rentando. Veo a Daniel Miller tan preocupado como el siguiente que se encuentre a cargo. Está contratado por EMI como jefe de la firma Mute, y me imagino que su propio futuro es incierto. Tal vez él está cansado del negocio en general, al ver que su visión original ha sido anulada sin remedio. Estoy seguro de que él sigue tan apasionado de la música como siempre lo ha sido, pero ¿quién querría fundar una nueva compañía en estos tiempos?

¿Puede el músico fungir como empresario? ¿Es justo esperar que los más bien abstraídos y desordenados artistas que escriben canciones o son virtuosos de algún instrumento también tengan un grado en administración de empresas? ¿Formular sus propias estrategias de publicidad y mercadotecnia conforme trabajan en su lado artístico? Es decir, ¿acaso no es esta la razón principal por la cual las compañías discográficas y managers de artistas existen, en primer lugar? Desde mi propia experiencia, el simple hecho de intentar administrar presentaciones en un nivel muy experimental ha tomado la mayor parte de los primeros tres meses de este año, un tiempo valioso que pretendía invertir en componer música nueva.

Los métodos para hacer negocios variarán, pero es esencial para los artistas y sus representantes tratar de mantenerse a la vanguardia, de intentar nuevos esfuerzos. Uno podría ver el regreso de pequeños sellos independientes especializados en arte, aplicando nuevos métodos de trabajo. Ya está sucediendo, si ves a tu alrededor. Con mínimos gastos de operación, actuando como un apoyo logístico para los artistas, sitios web y otros escaparates por el estilo. Asumiendo el esfuerzo. Esto no significa que debas renunciar a la exposición masiva a través de tiendas como iTunes y similares.

Para cuando termine el siguiente álbum, ¿quién sabe si voy a tener un contrato del todo? Sería una pena tener que terminar mi relación con Mute después de tantos años, pero tengo el presentimiento de que esa decisión está fuera de mis manos. Mucho depende del futuro de Mute/EMI y en realidad, de todas las compañías. Podría ser que los artistas más comerciales en Mute acaben siendo contratados por EMI y el resto termine en el olvido. Incluyendo al propio sello de Mute. Será un día realmente triste. ¿A quién debemos culpar por todo este desastre?

¿Señalamos a las compañías discográficas que se han sentado por ahí nada más, relanzando álbumes a un precio excesivo durante años mientras sus equipos de representantes artísticos nos bombardean con ídolos pop sin rostro, sin esencia, banditas de niños? ¿Sería justo decir “Se lo merecen”?

¿O acusamos a los “escuchas” ocasionales, con los niveles de atención de un niño de tres años, viviendo en una sociedad desechable, homogeneizada, obsesionada con Paris Hilton, sobreestimulada con un exceso de opciones? ¿A una sociedad que valora la trivialidad y acepta la mediocridad sin mayor cuestionamiento? O quizás, la devaluación que ha degenerado del culto al DJ, donde cualquiera puede regurgitar la esencia del rock&roll sólo por hacer un revoltijo de un clásico funk de los 70s, un ritmo de rap encima de todo y llamarlo tu propia creación? ¿O es solamente otro negocio ahora?

Alan Wilder

(Gracias a Bernard van Isacker por sus comentarios)

Traducción: Lenina Villela

Versión original del artículo (en inglés)

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